19.9.10
15.9.10
Temblores-Parte II
Se encontraba rodeado de escombros, y alguna que otra persona, pero no sabía si éstas estaban vivas, muertas o inconscientes. Lo siguiente en lo que reparó fue en una gran grieta que dividía la calle en dos. Tendría aproxidamente 25 metros de ancho, y al asomarse, no pudo ni imaginar su profundidad. Siguió mirando a su alrededor, y lo que veía le producía escalofríos. Edificios arruinados, coches y guaguas precipitándose al vacío, gritos por todas partes; un caos total.
En mitad de esa vorágine, Ralph se sentía estresado y, temiendo cada vez más la posibilidad de un ataque epilépsico, decidió dirigirse a la playa, que no se encontraba muy lejos. Por el camino veía gente por doquier. Niños, ancianos, enfermos...la naturaleza no tenía piedad con nada ni con nadie. En un momento dado, se le acercó un hombre con aspecto desaliñado. Tenía los ojos virulos, parecía que se le salían de las órbitas, y gritaba sin parar el nombre de alguien: "Jahid, Jahid, Jahid, Jahid, Jahid".
-Por favor, ayúdeme. Tengo que sacar a mi hijo de ahí.-le rogó, señalando una pila de escombros.
Su cara era la viva imagen de un lúnatico, pero decidió ir a ayudarle, a pesar de que tenía un mal presentimiento.
Efectivamente, al alcanzar la pila, lo que el hombre estaba intentando rescatar resultó ser un maniquí, totalmente destrozado. Ante esta visión, el alma de Ralph se rompió en pedazos. ¿Cómo iba a decirle al hombre que no era su hijo?
-Disculpe, señor. Me temo que ese de ahí no es su hijo, si no un maniquí.
-¿Cómo que un maniquí? ¿Se ha vuelto loco? ¡Por supuesto que es mi hijo!
-Lo siento, señor. Ya se lo he dicho, eso de ahí es un maniquí.
Soltó el bloque que tenía en las manos y dio media vuelta, ignorando los gritos de aquel pobre diablo.
Meditando sobre cuántas personas estarían pasando por la misma situación que ese hombre, Ralph llegó a la playa. Ésta estaba curiosamente despejada, a pesar de que había signos evidentes que indicaban que allí había estado mucha gente. Ralph se tumbó en la arena, mirando hacia el cielo e intentando relajarse. Perdió la noción del tiempo y estaba a punto de quedarse dormido, cuando un leve rumor alcanzó sus oídos.
Poco a poco, el rumor se fue haciendo más audible. Medio desconcertado, se incorporó, y estuvo a punto de desmayarse cuando vio aquella gigantesca ola acercarse a una velocidad de vértigo. Mediría unos 20 metros de alto, como mínimo. Se levantó apresuradamente, y echó a correr; sin embargo, no pudo dar más de tres pasos seguidos, ya que entonces empezó a sufrir un ataque epilépsico. Cayó de bruces en la arena, con los ojos en blanco, y soltando espuma por la boca. No podía distinguir el paisaje, todo era un torbellino en su cabeza. Permaneció allí, luchando contra aquella maldición que ahora le impedía huir, hasta que finalmente le alcanzó la ola. Lo último que vio en su vida fue la sombra de aquel tsunami rompiendo contra la costa.
7.9.10
Young Guns
how long can my brittle bones bend,
before they yield and snap?
Maybe it's gravity, that pulls her to my chest,
not the fear that she is the source of what little strength i've got left
I don't wanna know, 'cause i'm so scared,
it's not gonna get easier than this,
because it's too much to bare my darlin', the weight of the world,
and I would carry it for you,
but please don't ask me to because the
weight of the world is a burden i can't bare.
is a burden I can't bare.
6.9.10
El elegido de las Llamas
Había ido a recoger el postre, y cuando se dio la vuelta, Arzhonist pegó tal brinco que estuvo a punto de derribar dos estantes. Zafira tenía el pelo negro y corto, los ojos virulos, uno de color azul y el otro negro azabache, cubiertos por un llamativo unicejo. Su cara llena de sarpullidos y espinillas. Ni siquiera tenía un cuerpo bonito; era gorda como una foca, brazos flácidos y piernas llenas de estrías. Incluso se atrevería a decir que tenía pelo en las orejas, pero la mujer estaba lejos y no podía asegurarlo. La sola idea de que alguien quisiera tener hijos con semejante abominación de la naturaleza le daban ganas de suicidarse.
Intentando borrar la grotesca imagen de su cabeza, decidió centrarse en su tarea. Hizo un poco de ruido para llamar la atención de la mujer. Ésta se giró y fue hacia la despensa. Arzhonist cogió un almirez que tenía cerca para aturdir a su inminente víctima. Siempre recordaría la cara de sorpresa de Zafira al ver a un gigante de 1'90 encapuchado y vestido de negro emergiendo del fondo de su cocina. Sin embargo, nunca llegaría a comentárselo a nadie. El juego ya había comenzado.
31.8.10
Temblores-Parte I
Cuando ya parecía que tenía al insecto acorralado, un leve temblor sacudió los cimientos del apartamento en el que vivía de alquiler. La presa de Lorens escapó, percibiendo quizás algún tipo de peligro. El hombre alzó la cabeza, preguntándose que había sido aquello. El reflejo en una ventana medio rota de un tipo calvo, con unas prominentes ojeras y una barba de 3 días le devolvió la mirada, también confuso.
Poco después de la primera sacudida, otra hizo acto de presencia, esta vez un poco más fuerte. Desde su reducido hogar pudo distinguir el sonido de las puertas vecinas abriéndose, así que se asomó al patio él también. Todos los vecinos de su planta estaban igual de desconcertados. ¿Era un terremoto? Ni si quiera estaban en alguna zona de riesgo, y no se tenía constancia de uno desde hacía más de 200 años. Mientras los inquilinos balbuceaban sobre las posibilidades de que eso ocurriera, una nueva sacudida, la mayor de todas, sacudió salvajemente el edificio.
Víctimas comunes de una catástrofe inminente, los vecinos del inmueble empezaron a gritar al unísono. Antes de poder reaccionar, Lorens vio cómo el techo, el suelo y las paredes empezaban a resquebrajarse. Lo que hizo a continuación, fue probablemente lo más inteligente que había hecho desde que se retiró del ejército. La mayoría de los vecinos entraron a sus casas, pero Lorens se quedó debajo del marco de la puerta. En caso de terremoto, dicen que es lo más seguro.
Anclado a la entrada de su piso, él y algunos otros vecinos que tampoco habían entrado, o que se habían asomado más tarde, fueron testigos de algo que recordarían el resto de sus vidas, durasen lo que durasen éstas. Las grietas del suelo y del techo se hicieron cada vez más grandes, hasta empezar a derrumbarse. De los pisos superiores empezaron a caer mesas, sillas, neveras, libros, y toda clase de objetos por las grietas que se abrieron.
Cuando parecía que la extraña lluvia había cesado, un grito sonó desde la lejanía, haciéndose más audible cada vez, hasta que una mujer apareció a través del techo derruido por delante de Lorens, ensangrentada y llena de golpes, precipitándose al vacío. Antes de poder recuperarse de la impresión, más y más gritos surcaban el aire, y más y más gente seguía a la mujer hacia la muerte.
Finalmente, el terremoto terminó. El estado del edificio era deplorable; las luces colgaban del techo con los cristales rotos, los portales estaban separados por fisuras enormes, y había manchas de sangre por las paredes. Lo primero que hizo Lorens fue entrar en la casa, coger todo el dinero que tenía y el móvil.
Iba a salir de allí, cuando un paisaje que parecía sacado de la película 2012 le clavó los pies al suelo. La calle estaba dividida en dos, había incendios por toda la ciudad, los edificios estaban doblados en formas imposibles. Pero lo peor de todo, lo que hizo palidecer al pobre Lorens, fue la gigantesca ola que se acercaba inexorablemente a la costa.
Promise Land.
bienvenidos sean ustedes a la Tierra Prometida
Bombo clat !
Libre de la influencia de Babylon,
brilla la tierra custodiada por un León, el de Judá,
fiel sirviente de Su Majestad, Selasseae.
Puro aire, libre de contaminación,
se respira en la tierra de Zion.
Allí no existe la pobreza,
ni abusa la realeza,
no se hablan de guerras ni suicidas,
la paz global no es una utopía.
Autovía a la salvación,
Tierra dorada describe mi canción; y mi pensamiento,
lugar fantástico, ¿vendrás conmigo a verlo?
Maravillosos paisajes bañan la vista;
Montañas colosales, playas blancas y aguas cristalinas.
Todo lo malo del ser humano,
todo lo censurable y despreciable,
en este lugar no existe,
la gente de sus sueños no desiste.
Rastaman, defiendan el lugar,
no dejen a los babylans pasar.
No se conocen las armas,
nos defienden con palabras,
reggae music, baam baam.
Puedes sentirlo en el corazón,
no es un lugar concreto;
es un estado mental, un puro sentimiento.
La música puede transportarte hasta allí,
pero sólo tú tienes la voluntad para residir.
Porque mantenerse puro no es fácil,
porque todos nos equivocamos sometimes,
porque de ti depende quien triunfará, al final,
Si la Tierra Prometida o la mierda Babylan.
28.8.10
Preludio al desastre.
Esperó a que la mujer saliera de la habitación, y salvando de un salto la escasa altura a la que estaba situada la ventana, entró. Una vez dentro, las vías de acción que se le presentaban eran varias: podía encender el gas y hacer saltar la casa por los aires, pero sería muy llamativo. También podía sorprender a la pareja en mitad de la cena, y amenazarles, pero siendo el hombre un ex-policía podía tener algún arma escondida.
Echándole un vistazo a la cocina, se percató de que había un postre preparado, y tras meditarlo unos segundos, resolvió el sorprender a la mujer en la cocina, aturdirla, y luego iría a por el marido.
Se escondió en una despensa situada al lado de la entrada; allí sería imposible que lo descubrieran. Ahora sólo tenía esperar que Lorenzo y Zafira terminasen su última cena.
13.8.10
Primer Acto.
Finalmente llegó a su objetivo; una pequeña casa, situada en un barrio marginal a las afueras de la ciudad. Una zona poco habitada, el escenario perfecto para su propia obra. Si la información era cierta, allí residían un hombre, Lorenzo, de 49 años, y su mujer Zafira, de 45. Lorenzo era un policía corrupto caído en desgracia, al que habían despedido debido a su continuo maltrato, físico y psicológico, hacia compañeros de trabajo de otras etnias. Su mujer era incluso peor. Lorenzo y Zafira tenían una hija, de apenas 7 años de edad, a la que Zafira maltrataba cuando su marido estaba trabajando. Hasta que el día que despidieron a Lorenzo.
Ambos, marido y mujer, estaban de los nervios; ¿cómo iban a pagar los gastos de la casa y la comida? Ante tanto estrés, sólo se les ocurrió una cosa. Descargarse con la pequeña. La pobre niña murió de la paliza que le propinaron esos engendros. Ahora, era el turno de Arzhonist de hacerle pagar por sus crímenes.
Desenfundó uno de los botes de spray que llevaba bajo el mono, sacó un mechero del bolsillo y se dispuso a comenzar con su tarea. Era hora del primer acto.
"Vámonos de caza"-Arzhonist.
Al terminar de cambiarse, fue a su armería particular. Se detuvo ante la ingente cantidad de armas, y luego de una preselección, tuvo que decidir entre el clásico lanzallamas, un kit de Molotovs, o un juego de herramientas de tortura. Cómo su presa del día no era importante, decidió coger las herramientas de tortura, algunos botes de spray, y un par de mecheros. Así sería más interesante. Por si acaso, también se llevó una pistola, modelo Alfa R, trucada para disparar una munición de calibre 1.2 mm.
Tras concluir los preparativos, se aseguró de cerrar todo herméticamente, y abandonó el lugar. Estaba ansioso de un nuevo espectáculo de gritos y lágrimas.
8.8.10
War&Money
La lucha me reclama,
el enemigo me espera allá,
en el frente de batalla.
Personas miran de maneras indiferentes,
acostumbrados están a la muerte,
¿ que podemos obtener de esta gente?
Abandono las trincheras, un infierno reina allí afuera.
No sólo luchan hombres,
también niños inocentes son partícipes de este apocalíptico paisaje.
Ignoro su número,
sólo uno es mi objetivo;
arrasar con el enemigo.
Desconozco la razón para luchar,
no pagan para pensar,
sólo pagan por actúar.
Babylon contempla,
como unos luchan por dinero y otros por supervivencia.
Sangre caliente,
brotando a borbotones,
es derramada sobre mis pantalones.
Gritos ensordecen mis oídos, por momentos aumentan los caídos.
Mientras cuido que ninguna bala reviente mi cabeza,
reflexiono si de verdad todo esto merecerá la pena.
Nuevamente, le quito importancia,
hago lo necesario para aumentar mis ganancias.
Tras unas horas, la batalla ha terminado.
El sudor cubre mi rostro,
pienso si realmente hemos ganado,
viendo a los cadáveres a mi lado amontonados;
sin embargo, estas ideas se esfuman de mi mente
cuando el salario me es entregado.
Las preocupaciones se han esfumado,
una vez más la gloriosa América ha triunfado.
So tired...
"¿Se supone que tienes hacer lo que debes más veces de las que realmente quieres?"
http://www.youtube.com/watch?v=v_09wFxoaeQ
