1.3.11
1.125
Lo primero que vio al abrir los ojos fue la luna brillando por encima de su cabeza. Lo siguiente que percibió fue el olor a huevo podrido, proveniente de las bolsas de basura sobre las que reposaba. Estaba desconcertado, como si acabase de salir de un largo y profundo sueño. A medida que recuperaba la consciencia, una lluvia de imágenes acudía a su cabeza, sumiéndole en una inexplicable melancolía. Intentó levantarse una, dos, tres; hasta cuatro veces intentó ponerse en pie, pero al no obtener éxito alguno en su empresa, desistió. Se entregó el resto de la noche, pues, a buscar cartones de vino y comida entre las bolsas de basura, a emborracharse, y a recordar tiempos algo más felices.
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